Capítulo 21: El viaje del hacedor
Desperté con el sabor a sangre en la boca. El dolor llegó después. Punzante en el costado. Pulsátil en la cabeza. Y ese tipo de dolor sordo y profundo que sugería un daño interno que no podía ver. Abrí los ojos. El techo de la cabina del Teseo estaba torcido. Literalmente. Las placas metálicas se habían doblado en el impacto, creando ángulos imposibles. Cables colgaban como enredaderas mecánicas. Y todo estaba cubierto de ese polvo rojo del planeta. —¿Miguel? —Mi voz salió rasposa. Un gemido desde el asiento del piloto. —Aquí... estoy aquí. Me desabroché los arneses con dedos torpes. Cada movimiento era una agonía. Cuando finalmente me puse de pie, el mundo se inclinó peligrosamente. Me agarré a lo que quedaba de mi asiento. Miguel estaba desplomado sobre los controles, pero cuando se movió, lo hizo con más facilidad de la que yo esperaba. —¿Estás herido? —pregunté, acercándome. Él se palpó, revisándose metódicamente. —Golpeado. Magullado. —Se tocó la cabeza e hizo una mueca—. Me di un...