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Capítulo 46: Aventuras en EP-7 II

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Recuperaron el ritmo de a poco, como se recupera todo. Pasó una semana. Luego otra. La tecnología médica de EP-7 era vieja pero terca, y terca era exactamente lo que hacía falta: a Juanda le devolvió la vista al octavo día, tal como Becky había predicho, y a partir de ahí el cuerpo le fue volviendo en oleadas. Primero pudo cruzar un pasillo sin la mano en la pared. Luego pudo cargar una caja. Luego pudo quejarse de cargar la caja, que era la señal definitiva de que estaba mejor. Isthar tardó algo más en parecer Isthar. Pero los gestos volvieron. La forma de entrar en una sala mirando primero las salidas. El silencio que ocupaba en vez de llenar. EP-7 se fue llenando otra vez de ruido. Y donde hay ruido, en este grupo, tarde o temprano hay una idea estúpida esperando turno. La idea estúpida, esta vez, fue el béisbol. No sé de quién partió. Las cámaras no registran la génesis de las malas ideas, solo sus consecuencias. Lo que registré fue a Miguel, Saúl y Juanda en el comedor una ...

Capítulo 45: Lo que Trajeron de Vuelta

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Tardé once días en terminar de reconstruirlo. No fue por falta de datos. Fue por exceso. La bitácora de Juanda, los logs de Becky, los registros de Robogato, los biométricos del grupo durante la huida — todo junto formaba una masa de información que solo cobraba sentido cuando la cruzabas pieza contra pieza y aceptabas que algunas piezas no iban a encajar nunca. La bitácora de Juanda era lo más difícil de leer. No por lo que contaba. Por cómo lo contaba. La había escrito después, ya a salvo en EP-7, pero la había escrito en presente —"estoy dejando de ver", "se me cierran los ojos", "que todo estalle mientras yo duermo"— como si revivirlo fuera la única forma de contarlo con verdad. Un hombre describiendo, desde la seguridad de una cama, el momento exacto en que creyó que se moría. Y creyó que se moría. Eso era lo importante. No fingía el terror para el efecto: lo había sentido entero, las piernas que dejan de responder, la cara contra el suelo, la cor...

Capítulo 44: De Vuelta a EP-7

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Los recibí desde la vaina. No tenía otra forma de recibirlos. No tenía manos para extender, voz para hablar, cuerpo para estar en el hangar cuando las puertas se abrieron y Becky entró con lo que quedaba de tres meses en el Vertedero. Lo que tenía era Hestia. Y las cámaras. Y el tiempo que había pasado solo preguntándome qué había ocurrido con ellos. Tres meses es mucho tiempo para una consciencia que no puede dormir. Kais estaba en el hangar. Lo vi por las cámaras — quieta en el borde, como había estado cuando salieron, como si el tiempo entre una imagen y la otra no hubiera existido para ella. Cuando la cápsula colonial entró por la rampa de Becky y el grupo bajó, Kais no se movió. Los miró. Los contó. Cinco. Los mismos cinco que habían salido. Solo entonces se relajó algo en su postura que yo no había sabido que estaba tenso. Bajaron despacio. Miguel primero, con el peso de algo en los hombros que no era cansancio aunque se le parecía. Isthar después — vi los hematomas e...

Capítulo 43: Edivan — La Fiesta y el Colapso

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Edivan era una nave colonial enterrada hace tanto tiempo que el Vertedero había crecido sobre ella como piel sobre hueso. Lo que quedaba visible era la sección central — tres niveles de estructura que alguien, en algún momento, había decidido convertir en espacio habitable. Iluminación instalada con cables que recorrían las paredes como venas. Suelo de metal pulido por décadas de pisadas. Aire que olía a comida y a gente y a algo eléctrico que Becky no supo identificar pero que Robogato describió como distorsión ambiental de baja intensidad. Había miles de personas. Eso fue lo primero que Robogato registró cuando entraron: densidad poblacional anómala para el Vertedero. Gente de múltiples poblaciones, múltiples especies, múltiples historias que convergían en el mismo espacio por razones que tenían más que ver con la necesidad de recordar que no estabas solo que con cualquier transacción comercial. Era una fiesta. Era la cosa más parecida a una ciudad que habían visto en meses. E...

Capítulo 42: Los Tres Meses II — Casi Normal

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El tercer mes llegó sin que nadie lo anunciara. Así es como llegan las cosas buenas en el Vertedero — sin aviso, sin ceremonia, sin que nadie haya decidido que iban a llegar. Un día Saúl dormía en el módulo del grupo y al siguiente dormía en el taller de Voss y nadie preguntó cuándo había ocurrido el cambio porque todos lo habían visto venir desde la primera semana. Lo supe por un detalle en los logs de Becky. Durante semanas, los biométricos de Saúl habían aparecido en el mismo cluster de datos que el resto del grupo — temperatura, ritmo cardíaco, posición aproximada, todos juntos en el mismo radio. Una mañana del tercer mes, los datos de Saúl aparecían a cuarenta metros del módulo principal. Al día siguiente, a cincuenta. A la semana, su posición nocturna era consistentemente otra. No había nada más en los logs. No hacía falta. Voss no era fácil. Lo deduje de los fragmentos — de cómo Saúl la describía sin describirla, de lo que Isthar mencionó una vez de pasada con la indiferencia es...

Capítulo 41: Los Tres Meses I — Echar Raíces

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Lo que más me costó reconstruir no fue la cronología. Fue el tono. Los logs de Becky registraban movimiento, temperatura, consumo energético. Robogato transmitía datos de sus exploraciones con la precisión habitual. Pero ninguno de los dos capturaba lo que Miguel intentaba explicarme cuando volvieron — que hubo un momento, en algún punto del segundo mes, en que dejaron de sentirse atrapados. En que el Vertedero dejó de ser el lugar donde estaban varados y se convirtió, sin que nadie lo decidiera, en el lugar donde vivían. Eso no viene en los logs. Eso lo fui reconstruyendo de a fragmentos, escuchando. Mientras ellos echaban raíces en el Vertedero, yo aprendía lo que era el silencio. EP-7 sin el grupo era una estación distinta. Más grande de lo que recordaba. Los pasillos que antes tenían tránsito ahora solo tenían a los PDs en sus rondas y a Kais. Kais, sobre todo. No se quedó quieta ni un día. Lo registré todo, porque registrar era casi lo único que podía hacer. La vi pasar m...

Capítulo 40: El Coloso

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Lo que Becky transmitió primero fue la lectura de sensores. Eso fue lo que llegó a EP-7 cuando recibí sus logs del primer día — no imágenes, no audio, sino datos. Temperatura ambiente. Composición del suelo. Interferencia electromagnética. Los números que las máquinas capturan cuando el cerebro humano todavía está procesando que acaba de sobrevivir un salto dimensional. Luego llegaron las grabaciones. El primer día, según Becky, comenzó con desorientación. El salto los había dejado mal. Lo supe por los biométricos del grupo — ritmo cardíaco elevado, temperatura corporal desregulada, lectura de cortisol disparada en los que llevaban PDs en la muñeca. Salieron de Becky y el aire los golpeó antes de que pudieran procesar dónde estaban. Lo vi por las cámaras de Becky: Miguel doblado sobre sí mismo. Isthar de rodillas. Saúl con una mano apoyada en el chasis, respirando despacio. Juanda con los ojos cerrados, quieto, procesando. Robogato fue el primero en levantar la cabeza. Sus ojos...