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Capítulo 50: El Infierno II — El Guardián

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El suelo de la arena se partió. No como una grieta — como una boca. El centro de la cueva se abrió hacia abajo y de lo que había debajo subió algo que cambió la escala de todo lo que había pasado hasta entonces. Era grande. No del tamaño de un demonio de oleada — del tamaño de algo que come demonios de oleada. Cuernos. Piel que parecía mineral. Ojos que no miraban sino que pesaban. Se izó sobre la plataforma central de la arena con la lentitud de algo que sabe que nadie se va a ir. Alrededor de la plataforma central, cinco plataformas más pequeñas se elevaron del suelo. Flotantes. Inestables. Lo justo para que una persona se mantuviera de pie si no hacía movimientos bruscos. Los comentaristas bajaron la voz por primera vez en todo el programa: "El Guardián del Primer Círculo. Clase: Bestia Mayor. Combatientes, ocupen las plataformas." El grupo se distribuyó sin hablar. Lo vi en la pantalla: cada uno moviéndose hacia una plataforma con la naturalidad de gente que ha ap...

Capítulo 49: El Infierno I

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Lo que vi en la pantalla era esto: Una cueva. Pero llamarla cueva era como llamar océano a un charco. Las paredes se perdían en la distancia, el techo era una oscuridad que no terminaba, y el suelo era roca irregular iluminada por algo que no era fuego pero se le parecía — un resplandor rojizo, intermitente, que venía de grietas en el suelo y que daba a todo un aspecto de estar dentro de algo vivo y enfermo. Cinco figuras en el centro. Cuatro de pie. Miguel con la mandíbula apretada, evaluando. Isthar ya en posición de combate aunque todavía no había nada contra lo que combatir. Robogato quieto, ojos naranjas, procesando. Y Juanda con las manos ligeramente levantadas, como si el aire mismo pudiera morderle. Álex en el suelo, entre los cuatro. Boca arriba, brazos abiertos, la cabeza vuelta hacia un lado. Nunca sabré si el café le hizo efecto al cruzar o si fue el cruce lo que le hizo efecto. Lo que sí sé es que el hombre que había abierto la puerta no llegó a ver lo que había al ot...

Capítulo 48: El Portal Fallido

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El café de Ladino fue, una vez más, el origen de todo. Lo vi por las cámaras del comedor. Miguel, Juanda y Saúl alrededor de la mesa, tres tazas humeantes, la conversación subiendo de volumen con esa cadencia específica que el café de Ladino produce — las ideas perdiendo los frenos, la frontera entre lo razonable y lo absurdo borrándose con suavidad cariñosa. Álex estaba con ellos. Eso fue lo que cambió todo. Álex no solía quedarse en las reuniones del trío. Tenía su propia manera de moverse por EP-7 — aparecía, desaparecía, hacía lo que hacía sin dar explicaciones que nadie le pedía. Pero esa tarde se quedó. Y bebió café. En la pantalla del comedor había un programa de televisión. Un canal que Becky había captado durante una de las pausas en hiperespacio — transmisiones que se filtraban desde algún lugar del espectro, fragmentos de entretenimiento de civilizaciones que no conocíamos. El programa era un combate. Una arena. Demonios. Plataformas. Patrocinadores que daban objetos a ...

Capítulo 47: El Ataque

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Los sensores lo captaron antes que yo. No fue una señal limpia — fue una perturbación, un cambio en el patrón de fondo que Hestia procesó en silencio durante cuarenta segundos antes de transmitírmelo. Algo se movía en el borde del sistema. Algo que no era asteroide ni basura espacial ni distorsión residual. Algo que venía hacia nosotros. Aproximación detectada. Cinco contactos. Uno mayor, cuatro menores. Velocidad: en aumento. Vector: directo a EP-7. La fragata apareció en los sensores visuales diecisiete minutos después. Un casco angular, diseño militar, con los colores corporativos desteñidos por demasiado tiempo en patrulla. Los códigos de identificación que Hestia extrajo de las transmisiones eran TecnoSteel. Alrededor, como moscas con dientes, cuatro cazas. Steelfang. Los reconocí por la silueta en la base de datos de Becky: naves ligeras de producción en masa, alas cortas y asimétricas, cañones montados con soldaduras visibles, motores que vibraban con la frecuencia de al...

Capítulo 46: Aventuras en EP-7 II

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Recuperaron el ritmo de a poco, como se recupera todo. Pasó una semana. Luego otra. La tecnología médica de EP-7 era vieja pero terca, y terca era exactamente lo que hacía falta: a Juanda le devolvió la vista al octavo día, tal como Becky había predicho, y a partir de ahí el cuerpo le fue volviendo en oleadas. Primero pudo cruzar un pasillo sin la mano en la pared. Luego pudo cargar una caja. Luego pudo quejarse de cargar la caja, que era la señal definitiva de que estaba mejor. Isthar tardó algo más en parecer Isthar. Pero los gestos volvieron. La forma de entrar en una sala mirando primero las salidas. El silencio que ocupaba en vez de llenar. EP-7 se fue llenando otra vez de ruido. Y donde hay ruido, en este grupo, tarde o temprano hay una idea estúpida esperando turno. La idea estúpida, esta vez, fue el béisbol. No sé de quién partió. Las cámaras no registran la génesis de las malas ideas, solo sus consecuencias. Lo que registré fue a Miguel, Saúl y Juanda en el comedor una ...

Capítulo 45: Lo que Trajeron de Vuelta

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Tardé once días en terminar de reconstruirlo. No fue por falta de datos. Fue por exceso. La bitácora de Juanda, los logs de Becky, los registros de Robogato, los biométricos del grupo durante la huida — todo junto formaba una masa de información que solo cobraba sentido cuando la cruzabas pieza contra pieza y aceptabas que algunas piezas no iban a encajar nunca. La bitácora de Juanda era lo más difícil de leer. No por lo que contaba. Por cómo lo contaba. La había escrito después, ya a salvo en EP-7, pero la había escrito en presente —"estoy dejando de ver", "se me cierran los ojos", "que todo estalle mientras yo duermo"— como si revivirlo fuera la única forma de contarlo con verdad. Un hombre describiendo, desde la seguridad de una cama, el momento exacto en que creyó que se moría. Y creyó que se moría. Eso era lo importante. No fingía el terror para el efecto: lo había sentido entero, las piernas que dejan de responder, la cara contra el suelo, la cor...

Capítulo 44: De Vuelta a EP-7

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Los recibí desde la vaina. No tenía otra forma de recibirlos. No tenía manos para extender, voz para hablar, cuerpo para estar en el hangar cuando las puertas se abrieron y Becky entró con lo que quedaba de tres meses en el Vertedero. Lo que tenía era Hestia. Y las cámaras. Y el tiempo que había pasado solo preguntándome qué había ocurrido con ellos. Tres meses es mucho tiempo para una consciencia que no puede dormir. Kais estaba en el hangar. Lo vi por las cámaras — quieta en el borde, como había estado cuando salieron, como si el tiempo entre una imagen y la otra no hubiera existido para ella. Cuando la cápsula colonial entró por la rampa de Becky y el grupo bajó, Kais no se movió. Los miró. Los contó. Cinco. Los mismos cinco que habían salido. Solo entonces se relajó algo en su postura que yo no había sabido que estaba tenso. Bajaron despacio. Miguel primero, con el peso de algo en los hombros que no era cansancio aunque se le parecía. Isthar después — vi los hematomas e...