Capítulo 58: Acólito
Al día siguiente le tocaba a Miguel. Volvimos al templo con menos nervios que el día anterior, o eso creía yo hasta que llegamos a la sala de pruebas y descubrí que los nervios no habían bajado: solo habían cambiado de dueño. Ahora era yo el que miraba a mi hijo con el estómago encogido, en vez de al revés. —No hace falta que vengas —me dijo, sin mucha convicción. —Ya lo sé. Vine de todas formas. La sala era distinta a la del día anterior. Más alta, con un techo que se perdía en una oscuridad que no parecía del todo natural, y columnas talladas con escenas que no tuve tiempo de entender antes de que empezaran a llamar a los aspirantes. Había más gente que en mi turno: Acólito atrae a un público distinto, más corporativo, más interesado en apuntar nombres para el futuro. Las pruebas de Acólito eran otra cosa. Más elaboradas, más exigentes, con un punto de teatro que las de Iniciado no tenían. La primera fue de resistencia: sostener un escudo de Distorsión contra una descarga que ...