Capítulo 26: Reciclaje y Preparación
Capítulo 26: Reciclaje y Preparación
Seawolf trabajaba solo.
Había elegido los restos de la nave enemiga por una razón simple: allí nadie miraba. El casco abierto y retorcido emergía del terreno como un animal muerto, oxidándose al sol apagado del planeta. El aire olía a metal viejo y a ceniza. No había viento. Solo el crujido ocasional de estructuras cediendo bajo su propio peso.
Desmontaba pieza a pieza.
No había rabia en el gesto. Tampoco prisa. Quitaba placas, cortaba anclajes, extraía componentes con una precisión casi ritual. Las armaduras enemigas eran densas, hechas para resistir impactos extremos. Buen material. Las armas, desmontadas hasta el último tornillo, ofrecían circuitería reutilizable. Nada se desperdiciaba.
Los cuerpos eran lo más difícil.
Los implantes estaban integrados en carne ya sin vida. Seawolf trabajaba en silencio, separando metal de tejido con movimientos firmes. No había solemnidad, pero sí una atención contenida. Aquello no era profanación: era previsión.
Algunos implantes no los apartó con el resto. Los limpió con más cuidado. Los guardó por separado. No pensaba en venderlos. Pensaba en sí mismo. En el temblor ocasional de la mano izquierda. En el dolor que aparecía al girar demasiado rápido. En la certeza, cada vez más clara, de que ya no era suficiente.
No lo formuló en palabras. No hacía falta.
Si quería proteger a su familia, tendría que cambiar. Y para eso necesitaría medios. Instrumental. Cirugía especializada. Chips con información médica y protocolos de implantación. Ya estaba haciendo una lista mental de lo que habría que comprar cuando alcanzaran un puerto donde nadie hiciera preguntas.
El resto del material sí fue clasificado para intercambio. Implantes militares intactos, núcleos de datos, placas de blindaje. Dinero. Futuro.
Cargaba todo en Beky, el aerodeslizador. Iba y volvía. Una y otra vez. El trayecto se repetía hasta volverse automático. El cielo cambiaba de color lentamente, como si el planeta respirara a otro ritmo.
Fue Kais quien le habló del poblado.
—Hemos encontrado asentamientos Kawalapiti —dijo mientras aseguraban una carga—. Miguel está con ellos. Está… bien.
Seawolf no respondió de inmediato.
—Luis fue rescatado. En las minas.
Un silencio breve.
—Isthar también está con nosotros.
Eso sí lo detuvo.
Kais continuó relatando: las cámaras, Vedānta, el temblor, el rescate. Seawolf escuchó sin interrumpir, con la vista fija en el metal ennegrecido que tenía entre las manos.
Cuando regresó al asentamiento, el trabajo no se detuvo.
El replicador empezó a transformar materiales: placas enemigas en refuerzos, circuitos bélicos en nodos de control, fibras desconocidas en sellos estructurales. El Teseo mejoraba poco a poco. No sanaba. Pero resistía.
Luis ayudaba cuando podía. Siempre sin llamar la atención.
En una de aquellas noches, Seawolf detectó protocolos que no figuraban en ningún registro: muestras genéticas, redundancias, seguridad biométrica. No preguntó. Luis no explicó. Ambos sabían el valor de tener opciones.
Vedānta observaba todo con gravedad tranquila. Preguntaba poco, pero cuando lo hacía, iba al fondo. Pasaba horas junto al replicador, tocando superficies calientes, escuchando vibraciones.
Las semanas se deslizaron sin que nadie las contara.
Kais se convirtió en el enlace constante. Viajaba entre equipos, llevando piezas, mensajes, ajustes finos. Los dos PD permanecían activos, coordinando tareas, manteniendo ritmos. El trabajo ya no dependía de una sola presencia.
El Teseo, parche a parche, empezó a ser una nave otra vez.
Seawolf observaba a Isthar desde la distancia. No estaba rota. Estaba ausente. A veces hablaban de noche: frases cortas. Preguntas que no terminaban de formularse. Ella miraba al cielo más de lo necesario. Él no la presionaba.
En su bitácora escribió:
No basta con resistir.
Si quiero que sobrevivan, tendré que ir más allá de lo que soy ahora.
EP-7 sigue siendo una opción.
Cuando llegó el momento de partir, los Kawalapiti organizaron una ceremonia sencilla. Vedānta decidió quedarse. Su lugar estaba allí.
El Teseo despegó con más estabilidad que antes. Aún limitado. Aún herido.
Desde la rampa, Isthar miró atrás. No dijo nada. Las lágrimas no cayeron hasta que el planeta empezó a curvarse bajo ellos.
Continuará…
← Anterior | Índice de capítulos | Capítulo 27 →
Comentarios
Publicar un comentario