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Capítulo 03: EL Zippo II

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Me estaba preocupando de verdad. Había recorrido la casa de un lado a otro, desde la entrada del jardín hasta la buhardilla, situada en lo más alto del edificio. Fue allí, en la buhardilla, donde mi inquietud se intensificó. "¿Cómo podría explicar la desaparición de Luis?", me preguntaba. "Calma, Miguel, no es para tanto", me tranquilizaba la voz serena en mi mente, hablando con la misma paciencia y cariño con que hablo a mis hijos. Era un contraste marcado con la otra voz que a veces se apoderaba de mí, maldiciendo en arameo y hablando con desprecio. Intenté ordenar mis pensamientos: Unos minutos antes de despertarme, Luis estaba aquí. El café no se prepara solo. Luis no es el tipo de persona que haría una broma así. El candado del portón de la entrada estaba cerrado y el coche no se había movido. Estamos a 15 kilómetros de la ciudad. Recordé las cámaras de seguridad externas. Aunque no sabía cómo acceder a sus grabaciones, podría ser algo a investigar si la situac...

Capítulo 02: El Zippo I

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La sensación era maravillosa, como si hubiera retrocedido en el tiempo. El aroma a madera lo llenaba todo, y los doseles de mi cama eran tan enormes que podía estirarme en ella como un felino tras la siesta sin llegar a rozar los bordes. La luz se filtraba, suave y atenuada, a través de las cortinas de gasa y los bordados, bailando con la brisa. Por la pequeña terraza abierta me llegaba el olor de las baldosas de terracota calentadas por el sol. Era un pequeño paraíso atrapado en un segundo. ​—¡Café! —El aroma me dio el empujón definitivo para salir de la cama. ​Descalzo, seguí primero el rastro del grano y luego el sonido de la cafetera. En el distribuidor, que contrastaba con la habitación por su aire medieval de piedra y sombra, me dirigí rápido hacia la cocina. Pasé por delante de la habitación de Luis y vi que su puerta estaba abierta. El comedor, al igual que mi cuarto, transmitía una calma bucólica; se oían las gallinas en el patio y, por un momento, pensé que unos huevos revu...

Todavía no....

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 Estoy en ello, en breve llegara la siguiente parte.

Primera noche

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     Desperté entre unos arbustos, las pequeñas ramas se enredaban en mi pelo. Un olor a a tierra húmeda, hojas en descomposición. El aroma del robledal invadía mi olfato. No, no tenía nada claro dónde estaba,  subí a la pequeña colina que de encontraba a mis espaldas.  Al final del valle vi un pequeño río. Me daba un miedo terrible, pensar que no tuviese refugio, al llegar la noche. Arranqué unas ramas y algo de madera. Hice un agujero en el suelo, cual topo y allí me metí. Al hacer el refugio también encontré algunas piedras. Me fabrique un pico para hacer más fácil, el trabajo. Al poco, tenía suficiente material para un pequeño horno. La noche la pase descansando dentro de mi refugio, caliente pero francamente atemorizado por los ruidos del exterior. Deseando que entrasen los primeros rayos del amanecer a través de un pequeño ventanuco que deje a la entrada.

Capítulo 1: Encontrando el camino desde casa.

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"¿Me creerías si te dijera que estoy escribiendo esto desde una nave espacial hecha de chatarra? Probablemente no, pero aquí estoy, flotando en el cosmos con mi ingenioso compañero, un robo-gato llamado Pixel. No es una nave reluciente como las que ves en las películas; tiene sus chirridos y crujidos, pero es nuestro hogar entre las estrellas. En nuestras aventuras, hemos atravesado dimensiones que desafían la imaginación, desde nebulosas de colores vibrantes hasta mundos desconocidos. Cada día es una lección nueva sobre la vida, el universo y, bueno, la mecánica espacial de emergencia. Si alguna vez has soñado con aventuras más allá de tu mundo, te animo a seguir este blog. Quizás te inspire a tomar tu propio salto hacia lo desconocido. ¿Quién sabe lo que podrías descubrir? ¡Atentos, aventureros interdimensionales! Próximamente compartiré algunas de nuestras historias más salvajes y descubrimientos más extraños. (Advertencia: No nos responsabilizamos por alteraciones tempora...

Que tienen que ver un ex, y los últimos de filipinas

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    Es curioso cómo comenzamos el día con pensamientos que nos rondan la cabeza, especialmente aquellos que se enredan en los recuerdos y la historia. Nuestra cultura, al igual que las naciones, tiende a moldear y filtrar recuerdos, enfocándose en las emociones que nos evocan. Tomemos, por ejemplo, "los últimos de Filipinas". La memoria colectiva celebra su valor y resiliencia, pero a mí me asalta una sensación de soledad y abandono: personas aisladas, hambrientas, conscientes de que ni su nación ni su dios vendrán en su auxilio. Están solos, sin red de seguridad. Esta imagen se convierte en un poderoso reflejo de la vida misma. No existe una red que nos atrape; estamos a merced de nuestra propia resiliencia, una cualidad no solo aprendida, sino intrínseca a nuestra naturaleza. Avanzamos, a menudo vinculando nuestras acciones a la emoción que consideramos más útil para sobrevivir. Los recuerdos, ya sean de un ex amor que preferiríamos olvidar o de otro que deseamos hubiera fu...

Estirando el chicle de la paradoja de Teseo

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¿Han oído hablar alguna vez de la paradoja de Teseo? Si les interesa profundizar, sitios como psicologiaymente.com o es.wikipedia.org ofrecen explicaciones detalladas. En resumen, esta paradoja plantea una cuestión intrigante: ¿sigue siendo el mismo objeto si todas sus partes han sido reemplazadas? Por ejemplo, consideremos un PC que he tenido durante 15 años. Le he cambiado la tarjeta gráfica, añadido más RAM, incluso reemplazado el disco duro por uno de estado sólido. ¿Sigue siendo el mismo PC, o es uno completamente nuevo? Esta paradoja no se limita a los objetos inanimados. De hecho, se extiende a nuestra propia existencia. Con el tiempo, nuestras células se renuevan, nuestro pelo y nuestras uñas se reemplazan. ¿Significa esto que somos completamente diferentes a medida que envejecemos? ¿Somos la misma persona que éramos en la infancia, o para nuestros amigos de la adolescencia? Incluso nuestras células, la piel y la sangre, se renuevan constantemente. Aquí radica mi dilema: si som...